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  • Blanca Casás Fojo

¿Y ahora qué?

Pasas un año preparando el proyecto de final de carrera. Sueñas mil veces con la presentación, con el tribunal, con tu proyecto, la maqueta, la memoria, el discurso… Hasta que llega el anhelado día en que lo presentas. Te pasas el día en la universidad, viendo otras presentaciones, nerviosa y ansiosa a la vez, esperando a que sea tu turno. Expones tu proyecto, explicas tus ideas, el tribunal te hace preguntas y termina la presentación. Al final del día dan los resultados y, finalmente, descubres que aprobaste. ¡Ya se puede decir que oficialmente eres arquitecta (o, al menos, así lo pone en un papel)!



Después de unas semanas para tomarte un descanso muy merecido, empiezas a preguntarte a ti misma: ¿y ahora qué? Ese momento que parecía que nunca iba a llegar está delante de ti y te das cuenta de que no te sientes ni un poco preparada para la nueva aventura que vas a iniciar.


Entras en un estudio de arquitectura con muchas ganas de aprender y empiezas realmente a asimilar todo lo que abarca el trabajo de un arquitecto. Son infinidad de cosas las que precisamos saber, de las cuales no tenemos conocimiento ni de la mitad al acabar los estudios.


Si tan solo nos centramos en la parte administrativa, todos los trámites que hay que llevar a cabo en un ayuntamiento, dependiendo del tipo de proyecto que realices, es algo que nunca te enseñaron en la carrera. Y para más inri, no son trámites universales, sino que cada ayuntamiento tiene su propio procedimiento y documentación a presentar.


Y no nos pongamos a hablar de temas constructivos cuando en una carrera de 6 años (donde se presupone que la finalidad es crear) no pisas una obra... Esto ya dice todo de la preparación que puedas llevarte contigo. Recuerdo la primera impresión cuando pisé una obra. Coges el casco, el cual tiene la capacidad de empoderarte tan pronto como lo sientes en tu cabeza, llegas a la obra y, si ya antes preludiabas lo que implica el saber de la arquitecta, ahora es como si te dieran con una sartén en la cara llena de información. Empiezas a observar y examinar cómo funciona todo. Acceder a una obra donde se están haciendo trabajos, ver la ejecución in situ de detalles constructivos (que en la carrera dibujabas con simples líneas en el autocad), debería ser el procedimiento a seguir para entender de verdad la arquitectura, ya que, al verlo con tus propios ojos, comprendes realmente la problemática y el procedimiento de un proyecto.


Creo que es fundamental superar las dificultades que implica el paso del proyecto intangible a la realidad del hecho construido, y espero, en un futuro, llegar a saber las múltiples disciplinas que se necesitan para la resolución de un proyecto en su totalidad.

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